Bitácora personal

La memoria es un territorio extraño. Guarda detalles insignificantes durante décadas y, en cambio, borra otros que parecían importantes.

En este espacio recojo recuerdos que han sobrevivido al paso del tiempo: anécdotas, historias, lugares que dejaron huella, pensamientos y experiencias que, de una forma u otra, ayudaron a convertirme en quien soy hoy.

Son páginas escritas sin prisas, desde la perspectiva de quien ha cumplido seis décadas y sigue sintiendo la misma curiosidad por el mundo que cuando era un niño.

Porque mientras quede memoria, siempre habrá historias que contar.


  • No hay güevos

    Una historia real. Primavera de 1991. Tenía veintipocos años y trabajaba en telecomunicaciones, en Murcia. Hacía apenas unos días que habían terminado las Fallas valencianas, de las que soy un acérrimo defensor. El olor a pólvora me pone palote. El edificio era una mole de hormigón armado de cinco plantas, con pocas ventanas y pasillos…


  • No hay güevos


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